En memoria de Orson Welles
«Haz las películas para ti. No hagas concesiones nunca. Si las haces, te pesará el resto de la vida» Orson Welles
Mis Almuerzos con Orson Welles, Conversaciones con Henry Jaglon y Orson Welles. Editorial Anagrama
Orson Welles representa la modernidad en el cine y es, tal vez, el ícono del cine de autor. Nació el 6 de Mayo de 1915 en Kenosha (Wisconsin, Estados Unidos). Desde su infancia fue un niño prodigio, y las inclinaciones artísticas de su madre, Beatrice Ives, lo llevaron a estar en las tablas desde muy temprana edad, no solo como actor sino como director.
A los 16 años se trasladó a Irlanda y trabajó como actor en el Gate Teatro de Dublín. En los años 30, su carrera como actor y en ocasiones como director, comenzó a ascender en el mundo artístico. Ya instalado en Nueva York fundó el Mercury Teatro con el estreno de César, adaptación de la obra Julio César de William Shakespeare, una de sus grandes influencias artísticas.
Además del teatro en vivo, Orson Welles comenzó a ser reconocido por sus historias de radio teatro que fueron claves para llevarlo a Hollywood. Su adaptación de La guerra de dos mundos de H.G. Wells para la CBS se convirtió en un hito de la radio mundial: la maestría de su adaptación logró sembrar temor entre millones de norteamericanos, que creyeron que una invasión marciana estaba sucediendo en el país.
Su talento y popularidad hicieron que el productor de la compañía RKO le ofreciera un contrato por tres años para actuar y dirigir en siete películas. En 1939, a sus 24 años, Orson Welles firmó uno de los contratos más importantes en la historia del cine, que le permitió tener el control en todo el proceso creativo de la realización de una película, incluyendo el corte final.
Después de varios intentos de comenzar su carrera cinematográfica con el proyecto El corazón de las tinieblas, adaptación de la novela breve de Joseph Conrad y que desestimó la RKO por razones de presupuesto, Welles emprendió la que sería su ópera prima y obra maestra de todos los tiempos: El Ciudadano Kane.
El novel y joven director comenzó a trabajar con el veterano Herman J Mankiewicz, guionista consagrado de Hollywood, y para comienzos de 1940 ya tenían una versión que comenzaron a filmar en julio del mismo año. La película cuenta la historia del magnate de la prensa Charles Foster Kane, su ascensión, triunfo y caída.
Aunque Welles siempre lo negó, la historia está inspirada en la vida real del magnate de la prensa William Randolph Hearst y su imperio. Muchas coincidencias así lo constatan. Esto le trajo serios problemas, al punto de poner en peligro el estreno de la película.
Pero, ¿por qué El Ciudadano Kane es considerada una obra maestra y sigue encabezando las listas como la mejor película de toda la historia?
Gotas de tinta y caracteres se han esparcido por todo el mundo tratando de argumentar sus valores estéticos, narrativos y conceptuales, para darle a su cine un lugar en el mundo de las obras de arte y convertir a este director sensible en un mito que él inteligentemente ayudó a crear . Sin embargo, más allá del mito hay una genialidad en esta película que debe descifrarse en el contexto de su creación, y en el significado que historiadores y críticos supieron ver muchos años después de su estreno.
Lo que ratifica a un verdadero director son las virtudes e inteligencia que exhibe en el proceso de la puesta en escena. Es allí, en el momento del rodaje, cuando aflora toda su creatividad. La suma de una buena historia con el encuadre, la luz, los decorados y sobre todo con una buena interpretación y dirección de actores. Ese tejido convirtió al Ciudadano Kane en una obra maestra.
Tal vez una de las enseñanzas claves para entender la dimensión de Orson Welles está en la respuesta que le dio a Peter Bogdanovich cuando se refirió a su esencia como director:
“…Dónde debe estar la cámara. Si uno está completamente seguro, se puede estar equivocado, pero al menos es algo a partir de lo cual se puede seguir adelante. Porque yo siempre estoy lleno de dudas sobre un filme: que el tono del conjunto esté equivocado; que su nivel sea erróneo; que todo el texto, las interpretaciones, el énfasis, lo que los actores dicen, cualquier cosa. Yo siempre estoy investigando y tratando de buscar lo mejor, improvisando y cambiando. Pero en la única cosa que soy firme como una roca es desde dónde debe ser visto todo, con qué lente, etc. Y eso es algo por lo que debo estar agradecido, incluso si estoy equivocado. Me quita esa preocupación. Siempre encuentro en una película – así me pasó en Ciudadano Kane y después– en la que no sé cómo fotografiar y cuando eso ocurre es siempre porque no he pensado la escena de modo suficiente”.
Para cerrar este breve homenaje que le hacemos a Orson Welles desde Cinefilia, basta con decir que no habrá nadie como él. Otro ícono de la historia del cine, Jean Luc Godard, lo dijo cuando le preguntaron por la influencia de Welles: “Todos le deberemos todo siempre”.
Fotografía: Library of Congress, Prints & Photographs Division, Carl Van Vechten Collection, [reproduction number, e.g., LC-USZ62-54231]