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La discusión sobre el cine en Medellín está abierta

feb. / 01 / 2016

No sé hasta dónde pretendan elevar esta importante discusión (ojalá no pase desapercibida) o si este comentario solo sea leído por una persona. Pero aquí comparto esta opinión desde mi corta experiencia:

La ansiedad colectiva está dada para que Antioquia se permita hacer más largometrajes, hablar sólo de "Medellín" es limitar el tema en tiempos de tanto cine regional y rural en Colombia. Las tres películas recién seleccionadas en Cannes son un buen termómetro de la apropiación continua que hay por las diferentes regiones del país, independiente de que sus cuarteles de producción se concentren en Bogotá. Por otro lado no estoy de acuerdo en pensar que la ausencia “paisa” tenga que ver con limitaciones de personal técnico local, o con el hecho de tener que superar la sombra de alguien, como menciona su video.

Medellín y sus alrededores forman una ciudad pequeña pero con más audiovisuales que médicos por metro cuadrado, la mayoría amantes del cine y todos ganando experiencia día a día, desde lo comercial y lo artístico: publicidad, videoclip, y todo lo relacionado con formatos cortos de altísima calidad, y otros pocos en servicios de producción para largos extranjeros.

Habría que empezar por un asunto básico de estadística. En los últimos años, ¿cuántos proyectos de producción de largos "antioqueños" han pasado a ser finalistas del Fondo para el Desarrollo Cinematográfico (FDC) y de estos, cuántos han ganado el estímulo?

Y digo FDC porque es la ruta natural de los realizadores promedio, y la "mayoría" de pelis que llegan a salas y vemos seleccionadas en festivales, como mínimo aseguran este recurso para emprender vuelo y pescar coproducción afuera, que resulta tan necesaria. Con estas cifras en la mano sí podríamos agarrar mejor la pregunta de ¿por qué no rodamos más largometrajes por estos lados, si todo el mundo desea rodar?

Eso daría luz a revisar si hay una cantidad de proyectos que son seleccionados y no pasan el filtro final, o si por el contrario son escasos los que pasan por la debilidad de las propuestas y los guiones.

Ahí se encierran algunos cuestionamientos: si es que las historias que llegan desde estas latitudes regularmente no tienen resonancia en los jurados (que, quiérase o no, hay que convencer año tras año) o si la gran flaqueza está en el "pitch" que no logra dar el último empujón, o si es que definitivamente las empresas productoras de Bogotá, Cali, etc. nos llevan años luz en preparación de proyectos, y en dominar el tema del cine en un ambiente artístico/empresarial que demuestra más solidez y que proyecta más seguridad a la hora de destinarles recursos públicos a sus largometrajes, y que tal vez desde acá casi no asomamos la cabeza en ese sentido por la inexperiencia. Eso respondería a la casualidad de ver a muchas de ellas ganando año tras año. (Dando por hecho el tema de la transparencia)

Son varias situaciones que analizar, ya que el panorama de formación local en guion y producción para largometrajes aún luce escasa. Hay mucha exhibición de todos los colores y poca formación. Y por “formación” no me refiero a la falta de consumir más teoría, sino a la continuidad de espacios reales para intercambiar mucho más con guionistas/productores/directores nacionales emergentes o experimentados en el mundo del largometraje, sobre estrategias, experiencias, y oportunidades en torno a las realidades particulares más comunes que hacen posible abrirle camino a un proyecto desde su desarrollo. No solo en términos de producción sino también desde su escritura.

Se siente que en Medellín hay muchas empresas/colectivos que prestan servicios audiovisuales pero aun no se arriesgan paralelamente a gestionar proyectos artísticos propios de largo alcance o a convocarlos. Aún no se conectan con tanto talento que hay disperso. El deseo manifiesto de generar redes de trabajo e investigación, en torno a la producción de cine para acelerar la experiencia, aún no se visibiliza.

Por eso sigue adquiriendo tanta fuerza la escuela autodidacta del cortometraje, porque se defiende por sí sola y es la principal fábrica de motivaciones para intentar un largo. Y aunque se gana experiencia directa invaluable, dista mucho del ejercicio empresarial que implica un largometraje. Lo ideal sería que estos temas creativos/administrativos fueran mucho más relevantes en la cultura audiovisual local, como lo son para otras ciudades que logran volver empresa sus productos de forma más contundente.

De resto queda la saludable opción de tirarse al vacío y tratar de hacer un largo de forma “independiente” en todo el sentido. Siempre ha estado la opción de ignorar la ayuda estatal y sentirse libre de no depender de la burocracia para contar una historia. Pero son pocos los suicidas y la caída es mucho más lenta. Teniendo en cuenta que terminar una película es solo la punta del iceberg.

Aprovechando la tendencia internacional de largometrajes hechos con cámaras de celular y con unos insumos técnicos mínimos irrumpiendo en importantes festivales por la prevalencia de sus historias; se puede motivar mucho más a evitar la ruta natural. Las limitaciones siempre serán una oportunidad.

No sobra comentar a título muy personal que la productora más querida y exitosa a nivel artístico en Colombia, Diana Bustamante, es “paisa” y no trabaja desde este valle. Entonces también sería válido hablar en este caso de "fuga de cerebros". Siempre es cuestión de dónde surjan las mejores oportunidades.

El asunto de la discusión propuesta es multicausal pero de síntomas concretos. Me gustaría escuchar más opiniones.

Saludos.

Mauricio Maldonado